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¿Podemos responder la pregunta ‘por qué’?

March 29, 2016

Una vez, a manera de educación continua, me inscribí en un curso de introducción a la filosofía en el centro de estudios superiores (o community college). Yo estudié música en la universidad y nunca tuve cursos de filosofía. Como la filosofía y la teología están íntimamente relacionadas, pensé que era hora de que adquiriera más conocimientos en la tradición filosófica del Occidente. Así, pues, me fui a aprender cómo los grandes filósofos han abordado las preguntas de la existencia humana.

Fue una experiencia interesante. Mientras marchábamos a lo largo de siglos de filosofía occidental, parecía que los filósofos cambiaban su posición en la forma de abordar las “grandes preguntas”—significado, trascendencia, sufrimiento, el rol de la voluntad. El proceso completo era dirigido por un profesor que decía que era mormón no practicante y quien, según me parece, nunca logró salir del ambiente de protesta de la década de 1960.
Esta convergencia de un profesor que luchaba aún forcejeaba con el rechazo de su tradición y los sistemas filosóficos que le prestaban más atención al “cómo” versus el “porqué” me resultaba incómoda. No me creí para nada el determinismo, especialmente cuando un estudiante lo usó para explicar una desafortunada decisión que implicaba beber y conducir (nadie salió lesionado). ¿Qué debía hacer una chica luterana?

Mi oportunidad llegó cuando el profesor nos mandó a escribir un ensayo sobre lo que habíamos aprendido sobre cualquiera de las filosofías abarcadas en clase. Me metí de lleno. Esta era una asignación para recibir créditos extra, y diseñada para dar una segunda oportunidad a los que estaban en peligro de fracasar el curso. Como yo no estaba dentro de esa categoría, inmediatamente me vieron como “uno de esos estudiantes” (estoy segura de que mis compañeros usaron un lenguaje menos refinado.

Titulé mi ensayo “Cómo o por qué: mecánica newtoniana versus una metafísica cuántica”. Muy pasado de la raya, pero yo me había puesto una misión. Quería hacer notar al profesor que en la vida hay más que el “cómo” de las cosas, que hay significado y trascendencia, aun cuando mediante la razón o el entendimiento humano no podemos percibirlo. Quería dar testimonio de mi convicción de que hay mucho más que una simple vida de mecánica y técnica en camino hacia una conclusión determinista. Y quería señalar la verdad que había experimentado—que hay un ser amoroso y relacional que se preocupa por nosotros y por la creación.

Obviamente el profesor quedó desconcertado por el esfuerzo que puse en el proyecto, y me dedujo cinco puntos por haber usado una contracción. Pero mi punto era entonces, igual que ahora, que nosotros como cultura y como iglesia nos hemos vuelto muy competentes en hablar del “cómo” de las cosas. Para la iglesia esto significa que “cómo” se ha convertido en la pregunta que determina dónde concentramos la atención, cómo vivimos, dónde distribuimos los recursos. Hemos desarrollado programas—hermosos programas—de cómo llevar a cabo la educación cristiana, la adoración, la mayordomía, la defensa, la justicia, el evangelismo, el ministerio global y el ministerio juvenil. No descuide ninguno de éstos.
Pero ¿podemos nosotros como iglesia responder la pregunta “por qué”? Mientras comenzamos la conversación sobre la futura dirección y las prioridades de esta iglesia en este año, ésa es la pregunta que debemos responder. Si no podemos responderla claramente y con convicción, no visualizo mucho cambio para nosotros.

En el Catecismo Menor, Martín Lutero nos da cierta dirección:

“Creo que Jesucristo, verdadero Dios, engendrado del Padre en la eternidad, y también verdadero hombre, nacido de la virgen María, es mi Señor, que me ha redimido a mí, hombre perdido y condenado, y me ha rescatado y librado de todos los pecados, de la muerte y del poder del diablo; mas no con oro ni plata, sino con su santa y preciosa sangre y con su inocente pasión y muerte; todo lo cual hizo para que yo sea suyo y viva bajo Él en su reino, y le sirva en justicia, inocencia y bienaventuranzas eternas, así como Él resucitó de entre los muertos y vive y reina eternamente.

Esto es ciertamente la verdad.

 

Un mensaje mensual de la obispo presidente de la Iglesia Evangélica Luterana en América. Su dirección de correo electrónico: bishop@elca.org.

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