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Las hermosas obras oscuras de Dios

July 30, 2020

Tal vez uno de los versículos más conocidos del Nuevo Testamento es Juan 3:16: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Este surge al final de una conversación profunda entre Nicodemo, un líder de su pueblo, y Jesús. Mucho se ha elaborado con respecto al detalle de que Nicodemo haya buscado a Jesús de noche. ¿Tenía miedo de ser visto? ¿Se trataba de una movida sigilosa bajo el velo de la oscuridad?

Este encuentro no suele ser considerado como la mejor hora de Nicodemo. La mención de la noche ensombrece este santo encuentro. Con demasiada frecuencia, la oscuridad y la negrura y la noche son contrastadas con la claridad y la blancura y el día, y son halladas deficientes. Pero quiero considerar las hermosas obras oscuras de Dios.

“… En el principio… las tinieblas cubrían el abismo” (Génesis 1:1-2). La creación comenzó en la oscuridad. La misteriosa efusión del amor de Dios que causó la existencia de todas las cosas, y que continúa creando y sosteniendo el universo y todo lo que en él hay, fue la hermosa obra oscura de Dios.

Cuando Abram comenzó a dudar de la fidelidad de Dios, el Señor lo llevó a caminar y, señalando al cielo de la medianoche, le dijo: “Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, a ver si puedes. ¡Así de numerosa será tu descendencia!” (Génesis 15:5). Jacobo luchó toda la noche con Dios y fue tranformado permanentemente. Samuel oyó una voz que lo llamó en la oscuridad y se convirtió en un profeta poderoso. A medianoche, el Señor pasó sobre Egipto y liberó al pueblo.

El nacimiento del Mesías fue anunciado por ángeles a pastores en la oscuridad. La Pasión de Jesús comenzó y su Santa Cena fue celebrada “la noche en que fue traicionado.” Cuando fue crucificado, el cielo oscureció desde el mediodía hasta las tres. La redención de toda la creación fue una hermosa obra oscura de Dios.

Se le pidió al Obispo Presidente Emérito H. George Anderson que comentara sobre la Catedral de Cristal (ahora Catedral de Cristo), la estructura de cristal llena de luz. Él bservó que la luz no daba lugar a espacios de oscuridad en los que uno pudiese sentir el misterio de Dios. El rey Salomón entendía esto cuando, en la dedicación del templo, declaró: “Señor, tú has dicho que habitarías en la orcuridad de una nube” (1 Reyes 8:12). La gloria de Dios es resguardada y revelada en las tinieblas. Es incomprensible e irresistible.

De vuelta a Nicodemo. Tal vez estaba experimentando su propia “noche oscura del alma” cuando fue a buscar a Jesús. Esta expresión ha llegado a representar la duda y la angustia y el vacío. Pero no fue eso lo que San Juan de la Cruz quiso decir. Para él era el comienzo de su trayecto hacia la unión con Dios, hacia la comunión con el Amor. Creo que Nicodemo estaba buscando lo mismo, y lo encontró. Fue en esta promesa en medio de la noche, en el corazón de la oscuridad, que Jesús reveló a Nicodemo la intención que Dios tenía para el mundo que tanto amaba.

La oscuridad no es un símbolo de vacío, ni de abandono de Dios. No es sinónimo de todo lo que es seco y estéril y sin vida. Nueve capítulos después, en el Evangelio de Juan, Jesús dice a sus discípulos: “Ciertamente les aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero, si muere, produce mucho fruto” (12:24). Pienso en el suelo fértil y negro de mi Ohio natal. Cada primavera produce vida abundante. Los granos individuales se convierten en muchos; los individuos se convierten en comunidad. Como escribió la hermana Joan Chittister: “La oscuridad merece gratitud. Es el punto de aleluya en el que aprendemos a entender que no todo crecimiento tiene lugar bajo la luz del sol”.

Por tradición, la Resurrección es anunciada por la noche durante la Vigilia Pascual. En esta hermosa liturgia el pueblo se reúne en la oscuridad y escucha las palabras antiguas: “Esta es la noche en que una vez guiaste a nuestros antepasados, a los hijos de Israel, de la esclavitud en Egipto. Esta es la noche en que Cristo rompió los barrotes de la prisión de la muerte”.

La liberación del pueblo de Dios, Israel, y la redención de toda la creación son las hermosas obras oscuras de Dios.

Mensaje mensual de la obispa presidente de la Iglesia Evangélica Luterana en América.
Su dirección de correo electrónico es: bishop@elca.org.

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