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La vida que él promete prevalecerá

July 29, 2021

Planté un huerto el verano pasado durante la pandemia. Aquí en Chicago, marzo y abril de 2020 fueron fríos y oscuros. Y nevó. Había a nuestro alrededor la realidad opresiva del COVID-19: el confinamiento, el miedo, las sombrías estadísticas diarias de aumento de casos y muertes, el aislamiento. Anhelaba un proyecto que mirara al futuro y trajera vida. Un huerto era lo ideal.

Planté frijoles verdes y tomates, albahaca y lavanda. Incluso planté frambuesos, lo que resultó ser difícil porque había una gran demanda de éstos —todo el mundo debe haber estado plantando su propia parcela del Edén. También planté petunias para dar un toque de color. Cuando todo estuvo plantado, admiré los colores y esperé a que crecieran los vegetales.

Como los seres humanos estaban en cuarentena, el resto de la creación tuvo la oportunidad de respirar y prosperar. El smog había disminuido tanto en la India, que la gente podía ver el Himalaya por primera vez en décadas. Los pingüinos deambulaban por las calles de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y las cabras montesas paseaban por pueblos de Gales. Escuché coyotes aullar por la noche en mi barrio urbano. Los conejos y las ardillas tenían uso exclusivo del lugar. Al principio, esta fue una señal bienvenida de la vida que florecía a pesar de la pandemia. Pero al poco tiempo los conejos y las ardillas se volvieron osados, y dirigieron su atención a mi huerto.

Las ardillas mordisquearon los frambuesos hasta la médula. Los conejos trataron mi lecho de petunias y frijoles verdes como un buffet de ensaladas del que se puede comer hasta saciarse. Justo cuando los tomates comenzaban a madurarse, las ardillas los arrancaron de la rama. Esto fue enloquecedor. Probé todo tipo de elementos disuasorios: salsa tabasco mezclada con jabón para platos, trozos de jabón Irish Spring atados a estacas, vigilancia constante; pero todo fue en vano. Incluso consideré la posibilidad de un rifle de aire comprimido, pero estoy bastante segura de que hay una ordenanza que prohíbe la descarga de armas en los límites de la ciudad.

Con el tiempo llegué a creer que los conejos y las ardillas habían formado una alianza profana y se estaban organizando en mi contra. Mis sospechas fueron confirmadas cuando encontré diminutos ejemplares de Watership Down (el manifiesto de liberación del conejo) escondidos en los arbustos. Lo único que quedaba de pie al final de la temporada era la lavanda, lo que me pareció notable,  ya que estaba segura de que los animalitos habrían aprovechado la oportunidad para crear pequeñas coronas para adornar sus madrigueras y nidos. Para colmo, los conejos seguían teniendo más conejitos. ¡Eran adorables! ¡Caramba!

Planté un huerto este verano. Frijoles verdes, tomates, lavanda, albahaca, calabacín, salvia, romero y tomillo. Pronto saldrán las flores. Las poblaciones de conejos y ardillas son robustas, y lo peor es que esposo alimenta a las ardillas y les ha puesto nombres. Pensé en construir un complejo de hortalizas rematado con alambre de púas, pero no voy a hacer eso. Probaré los métodos tradicionales de salsa Tabasco, jabón para platos, jabón Irish Spring y vigilancia. También colocaré algunas cercas alrededor de los frijoles verdes y los tomates. Y tendré esperanza.

Cuenta la leyenda que Martín Lutero dijo una vez: “Si supiera que el mundo se va a acabar mañana, hoy plantaría un manzano”. Esta es una poderosa declaración de fe en el Dios que levantó de entre los muertos a nuestro Señor Jesucristo. Esta es la confianza de que, cuando él vuelva “con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin” (Credo Niceno), Dios restaurará toda la creación, y este será un buen fin.

Esta es la fe que declara que a través de pandemias, sequías, inundaciones, hambruna, intolerancia mortal, guerra, todas las cosas mortíferas que hay en la naturaleza y en el corazón humano, la vida —la vida abundante que Jesús promete— prevalecerá.

Plante algo en el verano.

 

Un mensaje mensual de la obispa presidente de la Iglesia Evangélica Luterana en América. Su dirección de correo electrónico es bishop@elca.org.

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