Un tiempo de renovación

May 4, 2023

En la Asamblea General de 2022 se tomó la decisión de establecer una Comisión para una Iglesia Luterana Renovada con el fin de “reconsiderar las declaraciones de propósito de cada una de las expresiones de esta iglesia, los principios de su estructura organizativa y todos los asuntos relacionados con esta, prestando atención particular a nuestro compromiso compartido de desmantelar el racismo”. ¡Esta no es una tarea fácil!

La Comisión para una Nueva Iglesia Luterana que llevó a la formación de la ELCA completó su trabajo hace 35 años, antes de TikTok, los teléfonos inteligentes y la telemedicina. Incluso MTV era relativamente nueva. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, así que tal vez sea hora de echar un vistazo a nuestras declaraciones de propósito y principios de estructura organizativa.

Ha habido una variedad de reacciones a esto: emoción, inquietud, un llamado a derribar la iglesia por completo y luego reconstruirla, solicitudes para mantener el orden establecido y todo lo demás. Incluso algunos han expresado su sospecha de que una camarilla de líderes de la iglesia en Higgins Road ya ha completado el proyecto (en realidad, no). Nos hemos comprometido a ser una iglesia próspera, arraigada en la tradición y radicalmente relevante, siendo la tradición nuestra teología, y no la cultura o la cocina.

La iglesia es única entre las instituciones. Es divina y también muy humana. Es la única institución cuya razón de ser es predicar el evangelio en su pureza y administrar los sacramentos de acuerdo con el evangelio. “La Iglesia es un pueblo creado por Dios en Cristo, fortalecido por el Espíritu Santo, llamado y enviado a dar testimonio de la actividad creadora, redentora y santificadora de Dios en el mundo” (Constitución de la ELCA, 4.01).


Nos hemos comprometido a ser una iglesia próspera, arraigada en la tradición y radicalmente relevante, siendo la tradición nuestra teología, y no la cultura o la cocina.


¿Acertamos siempre? No. Dado que, como se ha dicho, la iglesia no es un hotel para santos, sino un hospital para pecadores, hay muchas cosas en la larga historia de la iglesia y en la historia mucho más corta de esta iglesia que han causado daño —incluso daño mortal— a las personas y la creación. Y, sin embargo, Dios continúa usando a la iglesia y a nuestra rama de ella para que sea una embajadora de esperanza y siga contando la historia radical de la gracia. Somos una iglesia que entiende que los bautizados son a la vez santos y pecadores.

Aquí hay parte de un ensayo del hermano católico del siglo XX, Carlo Carretto: “¡Qué desconcertante eres, oh Iglesia, y sin embargo cuánto te amo! ¡Cómo me has hecho sufrir y, sin embargo, cuánto te debo! Me gustaría verte destruida y, sin embargo, necesito tu presencia. Me has dado tanto escándalo y, sin embargo, me has hecho entender lo que es la santidad. No he visto en el mundo nada más dedicado a la oscuridad, más comprometido, más falso, y sin embargo no he tocado nada más puro, más generoso, más hermoso. Cuántas veces he querido cerrar las puertas de mi alma en tu cara, y cuántas veces he orado para morir en la seguridad de tus brazos”.

Eso resume muy bien la hermosa, enloquecedora, sublime y quebrantada realidad de la iglesia y de su gente. Sólo Dios preserva la iglesia, y sólo Dios la renueva. Pero Dios, en su inescrutable sabiduría continúa llamando, reuniendo, iluminando y haciendo “santa a toda la iglesia cristiana en la tierra, y la guarda con Jesucristo en la única fe común y verdadera” (Catecismo Menor) e invita a los pecadores a ser parte del cuerpo de Cristo.

Invito a todos a que estemos en oración por la Comisión para una Iglesia Luterana Renovada. La comisión, cuyos miembros aún están siendo seleccionados mientras escribo esto, se reunirá por primera vez en julio. Ore por receptividad al Espíritu de Dios, humildad en el discernimiento, y confianza audaz en que Dios bendecirá nuestros esfuerzos mientras procuramos dar curso libre al evangelio en el mundo.

 

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